El fósforo y la enfermedad renal crónica: la importancia de la nutrición en su control
Introducción
El fósforo es un mineral esencial para el organismo, participa en la formación y mantenimiento de huesos y dientes, interviene en la producción de energía celular y contribuye al correcto funcionamiento de músculos y nervios, en condiciones normales, los riñones se encargan de eliminar el exceso de fósforo a través de la orina, manteniendo un equilibrio adecuado en el organismo.
Sin embargo, en la enfermedad renal crónica (ERC), la capacidad de los riñones para eliminar este mineral disminuye progresivamente, como consecuencia, el fósforo puede acumularse en la sangre, una condición conocida como hiperfosfatemia, que se asocia con alteraciones óseas, calcificación vascular y un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Por ello, la nutrición desempeña un papel fundamental en el tratamiento de las personas con enfermedad renal crónica.
¿Qué ocurre con el fósforo en la enfermedad renal crónica?
A medida que la función renal disminuye, los riñones pierden eficiencia para eliminar el fósforo consumido en la dieta, inicialmente, el organismo activa mecanismos compensatorios mediante hormonas como la hormona paratiroidea (PTH) y el factor de crecimiento fibroblástico 23 (FGF-23), que ayudan a mantener niveles normales de fósforo.
No obstante, conforme avanza la enfermedad renal, estos mecanismos dejan de ser suficientes y los niveles de fósforo comienzan a elevarse.
La hiperfosfatemia se ha relacionado con:
Enfermedad mineral y ósea asociada a la ERC.
Calcificación de arterias y vasos sanguíneos.
Mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Incremento de la mortalidad en pacientes con insuficiencia renal.
El papel de la nutrición en el control del fósforo
Durante muchos años, el tratamiento nutricional se centró en restringir de forma generalizada los alimentos con contenido de fósforo, sin embargo, investigaciones recientes han demostrado que no todas las fuentes de fósforo tienen el mismo impacto sobre el organismo.
Actualmente se recomienda evaluar no solo la cantidad de fósforo consumida, sino también su origen y biodisponibilidad.
Fuentes de fósforo en la alimentación
Alimentos de origen vegetal
Incluyen:
Frijoles
Lentejas
Garbanzos
Nueces
Semillas
Cereales integrales
Productos de soya
Aunque contienen fósforo, gran parte de este se encuentra unido a fitatos, compuestos que el cuerpo humano absorbe de manera limitada.
La absorción del fósforo vegetal se estima entre un 20 y un 40 %, por lo que suele tener un menor impacto en los niveles sanguíneos de fósforo.
Alimentos de origen animal
Incluyen:
Carne de res
Pollo
Pescado
Lácteos
El fósforo presente en estos alimentos tiene una absorción mayor, aproximadamente entre un 40 y un 60 %.
Alimentos ultraprocesados
Son la principal preocupación nutricional.
Entre ellos se encuentran:
Refrescos de cola
Embutidos
Carnes procesadas
Comida rápida
Sopas instantáneas
Productos industrializados
Estos productos suelen contener fosfatos añadidos como conservadores y mejoradores de textura, su absorción puede alcanzar entre 80 y 100 %, convirtiéndose en una fuente importante de sobrecarga de fósforo.
¿Son recomendables las dietas basadas en plantas?
La evidencia científica reciente sugiere que los patrones alimentarios con mayor proporción de alimentos vegetales pueden ser beneficiosos para personas con enfermedad renal crónica.
Diversos estudios han encontrado que quienes siguen dietas con predominio de alimentos vegetales presentan:
Menores niveles de fósforo sérico.
Menor concentración de FGF-23.
Menor excreción urinaria de fósforo.
Mejor control metabólico general.
Además, estos patrones dietéticos aportan fibra, antioxidantes y compuestos bioactivos que pueden favorecer la salud cardiovascular y la microbiota intestinal.
Estrategias nutricionales para controlar el fósforo
Priorizar alimentos frescos
Elegir alimentos naturales y mínimamente procesados.
Reducir ultra procesados
Limitar productos con aditivos fosfatados, refrescos y comida rápida.
Leer etiquetas
Muchos alimentos contienen fósforo oculto en forma de aditivos.
Mantener una adecuada ingesta de proteínas
Evitar restricciones excesivas que puedan favorecer la desnutrición.
Recibir orientación nutricional profesional
Conclusión
El fósforo es un nutriente indispensable para la salud, pero en la enfermedad renal crónica su acumulación puede generar complicaciones importantes., actualmente, el manejo nutricional no se centra únicamente en restringir alimentos, sino en mejorar la calidad global de la dieta y seleccionar fuentes de fósforo menos absorbibles.
La evidencia científica respalda una alimentación basada en alimentos frescos, con predominio de fuentes vegetales y baja en productos ultra procesados. Este enfoque permite controlar mejor los niveles de fósforo, reducir el riesgo cardiovascular y contribuir a una mejor calidad de vida en las personas con enfermedad renal crónica.
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